Para mí, otro misterio indescifrable.
Había visto, hace muchos años, cómo unos fakires indios tragaban fuego y objetos ardientes, pero un poco de investigación me reveló el truco (con mi firme promesa de no contarlo).
Aquí, en el sur de Beqa, en Fiji, no pude encontrar ningún truco, y surgió una de ésas situaciones que me maravillan, de ésas en que las personas parecen tener una profunda conexión con los elementos y juegan una danza especial con ellos.
En la isla de Beqa existe la comunidad Sawau, donde se realiza una ceremonia purificadora de andar sobre las brasas.
Esta ceremonia se basa en una leyenda: en la aldea de Navakeisese vivía un sabio cuentacuentos llamado Dredre. Para agradecerle las historias, los miembros de la comunidad Sawau le traían regalos. Al preguntarle qué le gustaría que le trajeran, pidió que fuera lo primero que encontraran cuando fueran a cazar. Uno de los guerreros fue a cazar anguilas gigantes en un pantano. Encontró lo que pensaba que era una anguila, y al extraerlo, tomó la forma de una divinidad. El guerrero pensó que sería muy buen regalo para Dredre. El espíritu, para escapar de su cautiverio, le ofreció todo tipo de regalos. Pero el hombre no se dejaba tentar. Hasta que la divinidad reunió varias piedras, lanzó sobre ellas una llamarada, y cuando estaban incandescentes le dijo al guerrero: acércate sin miedo. Tienes el don de caminar encima del fuego. El hombre al hacerle caso comprobó que era verdad. Y desde ese día sólo los hombres de Beqa tienen el poder de andar sobre las brasas. Se llaman firewalkers.
Para preparar la ceremonia, los representantes de los Sawau se separan de las mujeres durante 15 días antes y no comen coco (todo un sacrificio, como para nosotros no comer pan).
Se construye un círculo de unos 3 metros de diámetro y 1 metro de profunidad, se llena con cantos rodados del río y se enciende un gran fuego unas 8 horas antes de la ceremonia.
Un grupo de hombres se encarga de eliminar los restos de esta gran hoguera con un canto ritual, O-vulo-vulo. Entonces se invoca (a la web esta amb un n que sobra) al espíritu protector, y se aplanan las piedras. El grupo de hombres rodea el círculo, dejando sólo un hueco para que entren Los Que Caminan Sobre El Fuego.
A un grito '¡Vuto-O!' del Bete (el jefe de la ceremonia), Los Que Caminan Sobre El Fuego realizan con el silencio de todos los espectadores un paseo por las piedras, sin sufrir ningún daño ni quemadura (como pude comprobar más tarde). Es un ritual para purificar el espíritu que me impresionó mucho.
Luego se cubren las brasas con drau-ni-bala-bala, unas hojas de un arbusto que tienen el poder de no quemarse, y luego con tierra, haciendo el efecto de un horno. Al cabo de 4 días se recogerán estas hojas, ahora ya cocidas, y se realizará una bebida purificante, que no probé (se reserva a los participantes de la ceremonia).