Fiji, como toda comunidad de raíces ancestrales, tiene una fuerte tradición de leyendas que, en algunos casos, todavía se funden con la realidad.
Payal, la mujer de Rynal, es originaria de Kadavu. En Kadavu, hay ciertosjefes o betes (guías esprituales) están considerados como descendientes del dios del mar. El espíritu se aparece al bete cuando una noticia importante va a ser anunciada.
Una noche, Payal estuvo contándome muchas historias verídicas sobre apariciones de este espíritu en su misma familia. Por ejemplo, recientemente avisó de una tormenta muy violenta, y es muy normal que avise de muertes y nacimientos cercanos.
La mitología fijiana tiene muchas ramificaciones y largas leyendas. Aunque es difícil hacer un compendio ordenado, porque varía un poco en cada comunidad y ha sido transmitida siempre oralmente. A menudo los dioses cambian de nombre de una isla a otra o según la leyenda. Es mucho más interesante oírla de boca de la gente mayor (aunque Payal o Rynal me lo tuvieran que traducir todo) que leída.
Hay una leyenda muy conocida en Fiji que cuenta que Daquwaka el dios tiburón un día retó a los guardianes de las distintas islas a poner a prueba su superioridad. Cuando llegó frente a las costas de Kadavu Daquwaka adoptando como de costumbre la forma de tiburón se topó con la amenaza de un pulpo gigante. Como siempre hizo uso de sus afilados dientes y su poderosa fuerza pero el pulpó se agarró con fuerza a la barrera de coral y enredó el tiburón en él. Finalmente Daquwaka acordó no atacar jamás a la gente de Kadavu y a protegerlos para siempre. Desde entonces los habitantes de Kadavu salen a pescar tranquilos y no comen ni tiburón ni pulpo por respeto a sus dioses.
Visité Kadavu, donde nació Payal y vive su familia. Allí, ciertos elegidos son capaces no sólo de nadar con tiburones gigantescos, sino también darles de comer.
Las especies que se encuentran son tiburones tigre y tiburones toro, los más agresivas del planeta. Para ello, los elegidos son entrenados desde niños. El ritual ocurre durante el amanecer, cuando la luna llena se desvanece. Los elegidos se sumergen en las aguas cristalinas sin ningún tipo de protección y llaman a los tiburones. Los tiburones se acercan lentamente, al principio en círculos bastante amplios. La verdad es que nada en ellos sugiere que no sean agresivos. Desde la frágil seguridad de mi canoa pude ver cómo aquellos hombres daban de comer a los tiburones pescado crudo, y cómo estos seres terroríficos respetaban su vida, incluso la integradidad de cada uno de sus dedos.